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Nino hubiera bajado los escalones con la misma dignidad que los subió

Tal día como hoy, un 16 de abril de 1973, la sociedad española escuchaba consternada en el parte de las dos de la tarde de Radio Nacional de España la noticia de la muerte en accidente de tráfico del cantante Nino Bravo. Había ocurrido al tomar una curva de la entonces N-III, a la altura de la localidad conquense de Villarrubio, cuando el intérprete valenciano se dirigía en su flamante coche a Madrid en compañía de tres personas que lograron salvar la vida, no así Nino Bravo que fallecía camino del hospital. Aquel día murió el hombre, Luis Manuel Ferri Llopis, de 28 años de edad, y nació el mito, que se ha ido agigantando con el paso del tiempo, convirtiéndose, cuarenta años después, en un auténtico ídolo de masas con miles de seguidores en las redes sociales y millones de reproducciones de sus canciones más emblemáticas en portales y bibliotecas virtuales.


El mérito corresponde sin duda al cantante nacido 68 años atrás en la localidad valenciana de Aielo de Malferit y dotado de una de las voces más prodigiosas que ha dado la canción ligera, aunque también a la calidad de unas canciones bien construidas y mejor orquestadas que han soportado la prueba del paso del tiempo y que han sido asumidas como propias por las nuevas generaciones. Por ello este homenaje al gran intérprete valenciano pretende serlo también a los artífices del repertorio del cantante, algunos de los cuales, Pablo Herrero y José Luis Armenteros, ex componentes de Los Relámpagos y autores de la terna de oro formada por ‘Un beso y una flor’, ‘Libre’ y ‘América América’; Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, responsables, entre otras, de ‘Elisabeth’, o el recientemente desaparecido Juan Carlos Calderón, autor de la preferida por muchos, ‘Cartas amarillas’, recuerdan hoy a la persona sencilla y al excelente profesional que fue Nino Bravo.


Tres de los temas que conforman el escalafón de ‘lo más escuchado’ de Nino Bravo llevan la firma del tándem formado por Pablo Herrero y José Luis Armenteros. Así, ‘Un beso y una flor’ ha sido reproducida 7,1 millones de veces desde que fue subida a la Red hace seis años, un fenómeno que Herrero tilda de ‘realmente insólito’. ‘Yo nunca pensé que una canción sobreviviría a una generación, que me parece ya mucho tiempo. Pero algunas canciones han logrado pasar de padres a hijos, lo que es un hecho sorprendente’, asegura Herrero, al que no parece importar que la gente reconozca ‘Un beso y una flor’ o ‘Libre’ como ‘canciones de Nino Bravo’, sin darse cuenta de que detrás de esas canciones está la autoría de Pablo Herrero y José Luis Armenteros. ‘Hay que ser muy humildes en estos casos. Creemos que la fuerza la puso Nino. Realmente el que daba la cara era él. Tenía una voz fantástica y nosotros lo que hicimos fue tratar de que él pudiera lucirse de alguna manera. Lo que pasa es que Nino nos devolvió con creces el trabajo que hicimos porque fíjate lo que han sido la canciones después de que él las interpretara’, reconocen los autores de una docena del más de medio centenar de canciones que conforman el repertorio de Nino Bravo.


Pablo y José Luis conocieron a Nino Bravo cuando ambos trabajaban en los estudios Fonogram. Herrero todavía recuerda el impacto que le causó la voz del valenciano cantando el tema de Manuel Alejandro ‘Como todos’. ‘Me quedé apabullado, qué voz tan bonita, qué limpia, qué fácil lo hacía aquelchico que parecía seguir la estela de Tom Jones o Engelbert Humperdinck. Pero tenía algo distinto. SiJones era fuerza y energía y Humperdinck suavidad, Nino Bravo reunía las dos cualidades. Podía dar un agudo fortísimo y quedarse en un hilo de voz, como hace en ‘Te quiero, te quiero’. Tenía una maestría innata, pues él no había estudiado canto.Reunía las condiciones, tenía los resonadores y sobre todo tenía algo que es imprescindible, tenía sensibilidad’.


Pablo Herrero recuerda que les faltó tiempo para empezar a dar saltos allí mismo cuando les propusieron componer algunos temas para aquel chico que cantaba en Los Supersons y que quería labrarse un futuro en el mundillo de la canción. Así surgieron ‘Tú cambiarás’ y ‘En libertad’ que conformaron su segundo sencillo tras el ‘Como todos’ y ‘Es el viento’, de Alejandro, mostrando a un Nino Bravo mucho más juvenil.’Realmente éramos jóvenes entonces. Nos llevábamos con Nino dos años y formábamos parte de una generación que quería terminar con muchas injusticias y que se había embarcado en una lucha por la libertad’, comentan los autores de la mítica ‘Libre’, que al igual que ‘Un beso y una flor’, representó un punto de inflexión en la trayectoria del intérprete valenciano, una canción que habla de una persona joven cansada de tanta represión y que lucha por la libertad. ‘Era una visión utópica de una tierra utópica y en un momento utópico’, señalan Herrero y Armenteros, que con los pies en la tierra crearon un himno a la España inmigrante, ‘Un beso y una flor’, que representa, según sus autores, el primer viaje a América, ‘el me tengo que ir de aquí si quiero hacer algo’, que por desgracia vuelve a estar de actualidad.


Pablo Herrero recurre a la mitología para explicar cómo hubiera derivado la trayectoria personal y profesional de Nino Bravo de no haber encontrado la muerte en la carretera aquel fatídico 16 de abril de hace cuarenta años. ‘Los héroes griegos que morían jóvenes eran un mito para la eternidad e iban directamente al Olimpo. Ese fue el caso de Nino Bravo, que de no haber encontrado la muerte tan pronto hubiera podido desarrollar una gran carrera profesional, hubiera conocido a su hija pequeña, hubiera tenido una vida familiar que no pudo concluir. Y luego, como nos pasa a todos, hubiera tenido que bajar escalones, pero yo creo que él, que era un chico sencillo, los hubiera bajado con la misma dignidad con que los subió’.


No podía faltar en este homenaje a Nino Bravo el recuerdo para el gran compositor y arreglista Juan Carlos Calderón, fallecido el pasado mes de noviembre y que contribuyó como pocos a perpetuar la memoria del intérprete valenciano publicando en la década de los noventa una serie de discos en los que gracias a la tecnología el desaparecido artista sumaba su voz ala de otros cantantes actuales a través de nuevos arreglos y orquestaciones de su amplio repertorio. Calderón fue el autor de ‘Cartas amarillas’, la segunda canción que componía tras unos comienzos marcados por el jazz, su verdadera vocación. ‘No era mi tipo de voz, pero reconozco esa dulzura, ese color que lo ha imitado todo el mundo’, decía Calderón en 2008.